sábado, 30 de abril de 2011

Las habilidades sociales

Desde que nacemos necesitamos del otro para poder sobrevivir, no solo en cuestiones materiales, biológicas o psicológicas sino también afectivas. Cada uno de nosotros nació y creció en el seno de una familia, con características particulares con personas singulares, en un hogar con mayor o menor grado de cohesión, vinculación, contención, confianza o amor. En contextos específicos que influenciaron y formaron nuestro modo de percibir y actuar en el mundo.

Cuando se nos presenta un problema por ejemplo afloran nuestras habilidades o no sociales que hemos adquirido a lo largo de la vida, son formas de enfrentar las adversidades o solucionar nuestros problemas. Si nos ponemos en lugar de un niño que ve a sus padres resolver los problemas económicos, de pareja o de trabajo no solo a los a los gritos sino también con amenazas, golpes e insultos no es difícil imaginar como este niño resolverá sus problemas en un futuro. Lo importante es saber que se puede modificar estas pautas de conducta y que el docente en la escuela junto con el servicio de orientación, el equipo de gestión y otras instituciones sociales nos pueden ofrecer ayuda para crear distintas estrategias y lograr que los aprendizaje puedan desarrollarse en un entorno favorable. Esto no quiere decir que este exento de problemas pero sí que las dificultades que se presenten puedan significar la posibilidad de un salto cualitativo en uno mismo y en las relaciones personales.

Arón y Milic afirman que las habilidades sociales poseen distintas dimensiones como los atributos de la habilidad, la situación en que está se manifiesta y los procesos involucrados.

Con respecto al ambiente, la familia es el primer contexto social del niño y es considerado como la matriz social en que se aprenden los primeros comportamientos interpersonales. El contexto escolar es la segunda gran agencia socializadora que tiene como tarea la educación del niño. Tenemos que ser conscientes que dentro de las aulas se enseña no solo lo que está escrito en la planificación sino también a través del curriculum oculto, es decir, lo que no está explicito como las interacciones entre compañeros, las relaciones de poder, los espacios que se ocupan, las representaciones de los buenos o los malos alumnos, la disciplina, etc.

Nos preguntamos si el docente reflexivo, afectuoso, autónomo y comprometido puede influir positivamente en el desarrollo de destrezas o de habilidades sociales. Por otro lado si el alumno en su casa está totalmente desprotegido, es posible que la influencia de la institución educativa pueda torcer destinos que son vistos como inevitables.

Otro aspecto del ambiente es el grupo de pares allí el alumno tiene la posibilidad de autoconocerse y de entrenar las habilidades sociales como el diálogo, el respeto, la solidaridad, la tolerancia como también sus propias limitaciones. Por esto es necesario crear espacios en que el alumno pueda expresarse, en tanto que la socialización es un proceso que se da en las situaciones cotidianas.

Otra dimensión de las habilidades sociales es la dimensión personal, ya que la conducta social son conductas aprendidas, resultado del ambiente y determinantes personales, Arón describe algunas de estas variables personales como el temperamento, el género, la inteligencia entre otros, a continuación describiremos algunos.

El temperamento tiene una fuerte incidencia en la conducta social, desde nuestro nacimiento tenemos ciertos rasgos que están presentes en nuestro comportamiento y que nos acompañan durante toda nuestra vida, puede ayudarnos o no adaptarnos a los cambios que se nos presentan en el ambiente de manera fácil, lenta o reaccionariamente.

El Género “el ambiente social reacciona en forma diferente frente a hombres y mujeres, moldeando su conducta de género al reforzar distintos patrones de comportamiento que pueden llevar a desarrollar distintos estilos en la competencia social del niño o la niña.” Por ejemplo se refuerza la conducta de la niña donde pone en juego la habilidad de comunicación e interacción y en el niño se refuerzan conductas como la competitividad en el juego o la conducta agresiva.

Factores afectivos son otra dimensión de las habilidades socioafectivas que implica en principio poder reconocer y etiquetar las emociones de los otros y por otra parte es aprender a expresar un gran abanico de sentimientos y emociones personales. Entre las emociones disfuncionales que se relacionan con los problemas en la interacción social se encuentra la ansiedad y los sentimientos depresivos y tienen efectos inhibitorios en la conducta. Por esto es importante que se tengan en cuenta el tipo de disciplina que se maneja en el aula o la escuela ya que los castigos y las críticas negativas pueden perjudicar al niño.

1. Introducción

Hoy nos encontramos frente a una realidad difícil de comprender y sobre todo de actuar adecuadamente.

Podemos observar distintas desigualdades e injusticias en nuestro entorno como la creciente inflación, desocupación, bajo sueldo, corrupción política, como también cambios en cuanto la globalización, los avances tecnológicos, nuevos modos de percibir e interactuar con los otros. Nos preguntamos, qué nos mueve a seguir teniendo esperanza en el hombre, qué posibilidades tenemos de transformar nuestro entorno, qué podemos hacer como educadores, como padres o como miembros de esta sociedad.

Pablo Freire apela a la reflexión y al diálogo con el otro, para que la palabra unida a la acción nos constituya y nos comprometa a transformar la realidad. Los invitamos a repensar cuál es nuestra función cómo educadores en una sociedad altamente compleja, con el deseo de poder brindar una orientación y que desde nuestro lugar podamos indagar, pensar y actuar en la realidad en que vivimos, para que cada vez más podamos mejorarnos como personas.